Oscar Niemeyer

La propuesta de diseño del espacio de exposición buscó una rígida economía de medios plasmada en dos procedimientos básicos: el primero, reducir los tres espacios de exposición, con plantas irregulares y fragmentadas, en espacios de conformación pura, identificados con figuras geométricas elementares, dos rectángulos y un octógono, eventualmente, ‘molestados’ por inexorables elementos portantes (pilares de hormigón recubiertos con ‘camisas’ cilíndricas o tirantes metálicos de sustentación de las lajas) que desorganizaban las simetrías conquistadas, como destacando la presencia de la estructura como protagonista en la obra del maestro carioca.   Al mismo tiempo en que buscaba una disciplinada opción por la síntesis monocromática, adoptando el color blanco del piso y del techo de los salones, como estándar de las paredes, en referencia al blanco de fondo de los papeles, la presencia, insólita, del color surgía apenas en un panel azul, de carácter eminentemente gráfico, que exhibía extensa y monolítica cronología como forma de destacar no apenas la exuberante producción del arquitecto, como, también, distinguir, por medio de recurso gráfico sutil, los proyectos de las obras construidas, dejando a la muestra las concentraciones de mayor o menos producción a lo largo de más de 80 años de actividad del arquitecto.  Los largos paneles horizontales, no sujetados ni al suelo ni al techo, toman como referencia la bobina diseñada 12,5 m expuesta en el 3º piso

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